El pasado 10 de agosto la vida de Adriana Makensi y su familia cambió para siempre. Aunque el terremoto en Pereira inicialmente les perdonó la vida, el daño estructural en su vivienda fue implacable: días después, su hogar colapsó por completo.
Adriana, junto a sus dos hijos, su nuera Cleyra y su pequeño nieto, lo perdieron todo. Pero no solo perdieron techos y paredes; perdieron las herramientas de su sustento. Adriana y su nuera lideraban un emprendimiento de repostería y pasabocas que era el motor económico de la familia. Hoy, se encuentran refugiados en el albergue del Coliseo Mayor de Pereira, con el corazón lleno de agradecimiento por estar vivos, pero con las manos vacías para trabajar.
Este convite es para devolverles la capacidad de soñar y producir. Queremos ayudarlos a conseguir desde los colchones donde dormir, hasta la batidora con la que volverán a hornear su futuro.